¿Qué tan difícil puede ser quitar un tornillo? En una ocasión quise llevar a arreglar un control remoto de videojuegos. Andrés, mi hijo de 12 años había ahorrado y estaba dispuesto a pagar por ello. El técnico le dijo: "Claro que sí, aquí lo arreglamos, pero ese tipo de tornillos son muy raros y si lo abrimos a la brava lo podríamos romper..." Andrés tomó su control y salimos como entramos. Allí aprendí que poner o quitar un tornillo no es tan simple.
Nada como tener la herramienta adecuada para el trabajo adecuado. Eso permite la efectivdad.
Lo mismo sucede con el vocabulario: Tener una amplia riqueza de vocabulario equivale a tener una multitud de herramientas para todos los usos y todas las necesidades.
Cuando utilizamos siempre las mismas palabras para cualquier ocasión indistintamente, seguro perderemos oportunidades o, peor aún, nos desalentaremos por no poder comunicarnos.

Cada palabra tiene un significado preciso. Por ejemplo, existen los verbos: "conversar", "charlar", "dialogar" o "comentar"; y si sólo usamos la palabra "hablar", perderemos muchos matices en la comunicación. Y ¿qué me dices de la palabra "mucho"? ¿Crees que la podamos usar siempre en vez de "abundante", "copioso", "inmenso", "excesivo" o "demasiado"? ¡Claro que no!
Cada palabra que aprendemos en un idioma nuevo (o incluso el materno) equivale a una herramienta. Nuestro cerebro es el taller donde se construyen los pensamientos y opiniones. De manera que la cantidad y calidad de las herramientas (vocabulario) es proporcional a nuestra capacidad de entender y de expresarnos.
El almacén de palabras nuevas es el diccionario y la actividad que nos provee de palabras nuevas es la lectura ya que nuestro cerebro posee la habilidad de aprender gracias al contexto. Así que la recomendación para crecer pronto en el dominio de un idioma (y del priopio) es leer todo tipo de literatura y expresiones: música, noticias, películas, historia, cocina, etc. La única condición que pide nuestro cerebro para construir nuevos conocimientos es que comprendamos al menos entre el 60 y el 70% del texto que leemos.
En una ocasión platiqué con un mecánico y me dijo algo muy sabio. "Durante años, siempre que podía me compraba un desarmador diferente. Ahora puedo decir que tengo de todo y ya ningún tornillo me sorprende". Así que te transmito ese mismo consejo del buen mecánico: Cada día, equipa el taller de tu cerebro con una palabra nueva. Con el tiempo, podrás comprender cualquier tema y opinar sobre él.
Lic. Juan Carlos López Cabrera