Mis clases parten de una idea clara: aprender a programar es aprender a pensar. Antes de escribir código, trabajamos la metodología, el análisis del problema y la forma de construir soluciones paso a paso. No importa desde dónde parta cada estudiante; el objetivo es que todos desarrollen una base sólida y, a partir de ahí, fortalezcan su lógica de programación con seguridad.
La dinámica en el au...
Mis clases parten de una idea clara: aprender a programar es aprender a pensar. Antes de escribir código, trabajamos la metodología, el análisis del problema y la forma de construir soluciones paso a paso. No importa desde dónde parta cada estudiante; el objetivo es que todos desarrollen una base sólida y, a partir de ahí, fortalezcan su lógica de programación con seguridad.
La dinámica en el aula es activa y cercana. Alterno explicaciones breves con ejemplos claros, ejercicios guiados y aplicaciones reales que permiten ver cómo lo aprendido cobra vida. Aquí el error no es un obstáculo, es una señal de avance: se analiza, se entiende y se transforma en conocimiento.
Mi interés no es que el código funcione por casualidad, sino que cada persona comprenda qué está haciendo y por qué.
Como doctorante, mi experiencia en investigación influye directamente en mi forma de enseñar. Traigo al aula una mirada crítica y analítica, donde se aprende a cuestionar, a probar ideas y a mejorar soluciones. Comparto cómo se trabaja en contextos académicos y profesionales reales, donde la curiosidad, la validación y la mejora constante marcan la diferencia.
Mi trayectoria como docente e investigadora me ha enseñado que la programación no se trata solo de tecnología, sino de confianza, criterio y creatividad. Por eso, busco crear un espacio donde preguntar sea natural, equivocarse sea parte del camino y avanzar sea un logro compartido. El objetivo final es que cada estudiante no solo aprenda a programar, sino que descubra que es capaz de enfrentar problemas complejos y transformarlos en soluciones.
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